domingo, 19 de julio de 2026

Barry Lyndon: La cumbre de la belleza cinematográfica

Nota: Esta entrada tiene su tiempo archivada y la corregí con el fin de publicarla y "salvarla".

El prolífico cineasta Stanley Kubrick siempre destaco en el ámbito por su estricto temperamento perfeccionista, capaz de manipular todo un entorno a fin de generar la imagen que él deseaba. Fanático del ajedrez, creador de su propio estilo cinematográfico y un amante de todo tipo de arte, especialmente el clásico, Kubrick es conocido sobre todo por películas como la famosa 2001: Odisea en el Espacio, y por la Naranja Mecánica. No obstante, poco veo que se hable de, para mí, su mayor obra (en todos los sentidos): Barry Lyndon del año 1975.

Hace poco volví a mirar esta adaptación luego de pasados unos cuantos años de haberla visto por primera vez, y fue increíble recordar lo tanto que me había cautivado su inenarrable belleza fotográfica, acompañada de excelentes actuaciones. Siendo una persona que disfruta demasiado de perderse en otras épocas en esta época, me resulta inevitable dedicarle un, digamos, pequeño comentario referencial a esta magnífica obra, como si de un tributo por mi parte se tratase. Nada que no se haya dicho ya, por su puesto, pero seguramente a muchos les traiga algún recuerdo. Y si aún no has visto esta película, recomiendo que lo hagas antes de continuar leyéndome, porque entenderás mejor de lo que hablo.


Es conocido que, durante su vida, Kubrick mostró un particular interés apasionado por algunas figuras aristócratas de épocas pasadas. No tanto como una fijación "ideológica" o radicalizada, sino más bien como una pasión personal, un gusto histórico que, curiosamente, yo también comparto. Tanto es así, que durante los años 70's el cineasta había escrito un guión para una película que trataría sobre la vida de Napoleón Bonaparte. Desgraciadamente, por varios motivos, aquella idea se descartó, pero Kubrick seguía con la necesidad pulsante de dirigir un documental o al menos una película que se base en épocas por las que camino Napoleón.Al final, y tomando mucho de aquel guion, Kubrick se decantó por adaptar una novela mayormente sátira llamada "La suerte de Barry Lyndon" del escritor británico William M. Thackeray (1811-1863). De forma muy resumida, la novela cuenta la historia del auge y caída de un irlandés llamado Barry Redmond que, durante un duelo "ganado" contra un general británico, se ve obligado a exiliarse y recorre varios lugares de Europa, escalando desde lo más humilde hasta la riqueza más alta, llegando a casarse con una duquesa y obteniendo su apellido; Lyndon, además también de sus riquezas. Pero al final decae en desgracia a causa de su propia ambición desmedida. Un clásico del siglo XIX.

De esta forma, el cineasta tenía la ardua labor de representar un contexto victoriano en todos los sentidos que rondaba los años 1750 y principios de 1800. Además, también tenía el peso de adaptar la novela lo mejor que pudiera, aunque tomándose ciertas libertades creativas. Si bien no llegue a leer la novela, sé que hay diferencias entre película y novela (como es lógico) según leí, y a pesar de que Kubrick no veía bien hacer de las adaptaciones muy personales (como si solían hacer otros directores como talentosísimo Andréi Tarkovski) a La Suerte de Barry Lyndon termino por darle un enfoque personal mas dramático y trágico.

Poco humor hay en la película, más allá de alguna que otra sátira “liviana”. Todo se aprecia vivo y sumamente bien actuado (incluso costumbres británicas y europeas de la época), pero en el ambiente se llega a sentir la Tragedia. El elenco para cada uno de los personajes es, a mi entender, perfecto. Tenemos a Ryan O'Neal como Barry y a la bella Marisa Berenson que, además de encarnar tan bien a Lady Lyndon, con todos los arreglos para la película se la aprecia casi irreconocible. Como curiosidad, Kubrick le pidió a Berenson que evitara la luz del sol durante una temporada, a fin de conseguir que su piel se blanqueara más de lo habitual, para que el maquillaje resaltara más dicha costumbre victoriana. Un detalle interesante.

A la hora de contextualizar, de unir todas las piezas estéticas, Kubrick se mostró muy insistente y perfeccionista en cuanto al contexto que estaba destinado a representar. Según se comenta, devoro libros de historia y consulto historiadores para dar al espectador la impresión de que realmente estaba viendo un film captado durante otra época. Además, también contemplo de cerca pinturas bellísimas de artistas como Johan Zoffany y Thomas Gainsborough. El resultado final fue increíble. Algunos paisajes europeos son simplemente preciosos, pasando por localidades reales como Durlin en Irlanda, también el Castillo Huntington en el Condado de Carlow, en el sureste de Irlanda, aparece en la película, siempre con una vista imponente.

La película también fue rodada enteramente en decorados de época (sobresaliendo el Castillo de Howard) y en luz natural (con velas en las escenas nocturnas o de interior), mediante objetivos de cámara muy luminosos (modificación de una cámara Mitchell y de objetivos Zeiss de focal 50 mm y de apertura F0.7) 3​18​ y mediante el tratamiento especial del negativo, esta película presenta una fotografía excepcional, auténtica proeza técnica que le confiere una estética más bien sombría y muy particular, en el tono de la historia y las pinturas de la época.

¿Y que decir del vestuario? No para nada un experto del tema, pero no hace falta serlo para darse cuenta de que lucen impecables. La gran necesidad de perfección llevo a Kubrick a contratar diseñadoras de modas de la talla de Milena Canonero y Ulla-Britt Söderlund, y a pesar de que sobre todo Milena tiene un gran conocimiento de moda, según leí, tuvo que investigar aún más sobre las vestimentas y las modas de la época que Kubrick intentaba recrear. Como resultado, tenemos un vestuario muy realista, especialmente el femenino con especial énfasis en Lady Lyndon, que siempre vestía de manera elegante y delicada.

Marisa Berenson como Lady Lyndon, en una sesión de fotografiá.

Los paisajes de ensueño, la iluminación en todas las escenas, los vestuarios. Una belleza.

La banda sonora de Barry Lyndon es otra gran proeza. Incluye una importante selección de piezas musicales de compositores del siglo XVIII. Entre las barrocas están el segundo movimiento del concierto BWV 1060 de Bach, una adaptación orquestal del tercer movimiento de la sonata para violonchelo RV 40 de Vivaldi, una adaptación orquestal de la zarabanda de la Suite para clave en re menor, HWV 437 de Händel, la Hohenfriedberger Marsch de Federico II el Grande. Las adaptaciones de las obras clásicas estuvieron a cargo de varios compositores y orquestas, el trabajo fue colosal.

Entre las clásicas, la cavatina de El barbero de Sevilla de Paisiello y el segundo movimiento del trío para piano n.º 2 de Schubert. Estas piezas están cuidadosamente seleccionadas y puestas en según qué escena de la película, y solo añadir que, sin este detalle, la obra no podría haber sido tan grande y magnífica como al final resulto. Embellecen aquellos paisajes tan abiertos y esas escenas tan melodramáticas. La verdad es que tampoco me extraña que la banda sonora haya ganado un Óscar, porque su repertorio es exquisito.
 
En pocas palabras; Kubrick creo una obra maestra, y no es de extrañar que haya recibido tantas críticas favorables, incluso óscares. Es impresionante la estética qué logro conseguir, incluso cuando hablamos de costumbres inglesas, forma de hablar, movimientos, formas de caminar, formas de mirar, etc. Podemos ver que algunos personajes tienen un carácter propio de su talla; en algunas escenas un par de personajes ingleses destacan la valentía y el honor, y se llega apreciar la emoción en ellos de lo bien actuado que está por parte del elenco. Todo se ve y se siente realista, casi como si de un documental se tratase, y esto es para mí el mayor logro de Stanley Kubrick.

Y sobre las actuaciones en específico, nuevamente, me quito el sombrero. Se habló mucho de que Ryan O'Nea se sentía un poco "inexpresivo" para el papel de Barryn y se consideraron a muchos otros actores de alta talla (incluso Robert Redford y Clint Eastwood), pero O'Nea tenía raíces irlandesas, y Kubrick sintió que era ideal para el papel. La película comienza siendo enteramente cubierta por una capa de romanticismo puro, del cual incluso hasta en etapas finales podemos apreciar. Los actores hacen tan bien su papel, que uno incluso llega a emocionarse en escenas románticas como un beso profundo. El espectador siente que esas dos personas se aman y sienten algo en profundidad, más allá de sus contradicciones cotidianas. Ese valor tan humano, aquí está muy bien representado.
 
Ryan O'Nea.
 
A pesar de que a Barry en un principio su suerte le era fiel, en la película se aprecia como lentamente, a medida que los capítulos pasan página, esto va cambiando. Barry pasa de un humilde y casi inocente irlandés, a un vació aristócrata de enorme poder y soberbia. Se llega a apreciar como el personaje se hunde en una trágica existencia repleta de vicios y placeres, añorando días mas simples. Todo esto esta llevado de forma esplendida con las actuaciones, Ryan O'Nea ofrece una interpretación genial. Tal era su nivel de codicia, que podemos apreciar como varias personas con las que se relacionaba, terminaban mal, muy especialmente Lady Lyndon.

Si en la tragedia de "Macbeth" de William Shakespeare, era Lady Macbeth la "malévola conciencia", fría, calculadora y codiciosa voz de Lord Macbeth, aquí es Barry Lyndon quien asume el papel de arrastrar lentamente a la condesa Lyndon a su declive, al punto de apropiarse no solo de sus tierras, títulos y riquezas, sino también -y peor aun- de su propia felicidad y vida. Aquí destaco nuevamente el papel de Marisa Berenson en darle vida a la elegante Lady Lyndon, porque es fundamental en la peli. La primera vez Barry y Lady Lyndon y se encuentran, el espectador siente ese amor verdadero. Esa mirada, tan intensa a la par de romántica y lúgubre. Es una de las escenas mas hermosas que vi en una película, porque capta a la perfección esa primera mirada seductora, esa primera mirada que lentamente va sosegando el alma, el cuerpo. La primera mirada de un profundo enamoramiento... 

 
Desde que entra en escena el protagonismo imponente de Lady Lyndon, como espectador, muchos llegamos a creer o pensar que en realidad ella actuara en algún momento, que se llegara a mostrar interesada, exaltada o tal vez incluso (me atrevo a decir) liberal con otros hombres, tal como lo hace Barry con otras mujeres en varias ocasiones, incluso estando casado con ella. Sin embargo, no. Vemos a Ladyn Lyndon profundamente melancólica, triste, y pocas veces feliz. Podemos empatizar con ella, nos sentirnos incluso mal, porque notamos que en el fondo no es lo que creíamos. Esto me recuerda inevitablemente a otro personaje de Shakespeare; Ofelia. En la tragedia de Hamlet, ella se preciaba profundamente perturbada por el enorme y ciego amor que sentía hacia el príncipe Hamlet.
 
Esta es una película que con sus detalles nos habla sobre el camino que a veces uno toma impulsado por ambiciones personales. El valor del compromiso no solo con uno mismo, sino con los demás y como este de alguna forma va consumiendo la libertad personal. La inocencia de Barry se va deteriorando a medida que acapara poder, y cuál bestia sin control, arrasa incluso aquello que alguna vez creyó amar. Al final vemos esa mítica escena en la que apreciamos a un irlandés destruido por sus propias acciones, borracho y prácticamente acabado. No se especifica en ningún momento la necesidad del protagonista por morir, pero llegamos a sentirlo en el ambiente y en esos planos tan particulares. Parece un destino inevitable.
 
Palabras finales 

No creo tener que añadir más sobre esta maravilla. Lo sé, me dejo muchas cosas en el tintero, pero este no es un análisis en profundidad, solo un comentario personal a modo de tributo, de ahí que me valga de algunas fuentes para poder explicarme mejor. No hay mucho más que añadir, quería transmitir algunas ideas en torno a Barry Lyndon, porque es sin duda una de mis películas favoritas. Sirvió de mucha inspiración para obras futuras como por ejemplo "Los Duelistas", magnífica adaptación del año 1977 de la novela de Conrad por parte de otro reconocido director, como lo es Riley Scott.
 
De corte relativamente similar y para quien no conozca, también podría citar a las adaptaciones Les Miserables de 1998 o incluso a la preciosa y romántica La Edad de la Inocencia de Scorsese también del año 1998 y con Daniel Day-Lewis y Michelle Pfeiffer a la cabeza. Sin embargo, la obra de Kubrick está a otro nivel de calidad, de perfección. La primera vez que la vi (y de nuevo hace poco) caí en una profunda admiración por ese contexto que tan fielmente consigue adaptar y representar. Es mágico y de otra época, y es casi como estar contemplando en movimiento una pintura clásica. Los planos, la atmósfera, los silencios. Sin duda, la cumbre de la belleza estilística cinematográfica.
 
No cabe duda de que Kubrick dejo un exquisito repertorio cinematográfico. Varias de sus películas, en especial las sátiras bélicas como "Dr. Strangelove" y la oscura "Full Metall Jacket", son de mis favoritas. Incluso podría citar a por supuesto "2001: Una Odisea en el Espacio", "El Resplandor" y a la épica y dramática "Senderos de Gloria" de 1957 (su final me hizo emocionar hasta las lagrimas), con el difunto y talentoso Kirk Duoglas como protagonista. Sin embargo, creo que para mí y por varias razones, Barry Lyndon es la mejor película de Stanley Kubrick; una "pintura viviente" que busca con fervor ser contemplada en todo momento. Si te gusta o atrae el romanticismo y el buen arte clásico, vas a encontrar en Barry Lyndon un enorme amor a primera vista.

Gracias por leerme.

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