Nota: Esta entrada tiene su tiempo archivada y la corregí con el fin de publicarla y "salvarla".
El prolífico cineasta Stanley Kubrick siempre destaco en el ámbito por su estricto temperamento perfeccionista, capaz de manipular todo un entorno a fin de generar la imagen que él deseaba. Fanático del ajedrez, creador de su propio estilo cinematográfico y un amante de todo tipo de arte, especialmente el clásico, Kubrick es conocido sobre todo por películas como la famosa 2001: Odisea en el Espacio, y por la Naranja Mecánica. No obstante, poco veo que se hable de, para mí, su mayor obra (en todos los sentidos): Barry Lyndon del año 1975.Hace poco volví a mirar esta adaptación luego de pasados unos cuantos años de haberla visto por primera vez, y fue increíble recordar lo tanto que me había cautivado su inenarrable belleza fotográfica, acompañada de excelentes actuaciones. Siendo una persona que disfruta demasiado de perderse en otras épocas en esta época, me resulta inevitable dedicarle un, digamos, pequeño comentario referencial a esta magnífica obra, como si de un tributo por mi parte se tratase. Nada que no se haya dicho ya, por su puesto, pero seguramente a muchos les traiga algún recuerdo. Y si aún no has visto esta película, recomiendo que lo hagas antes de continuar leyéndome, porque entenderás mejor de lo que hablo.
Es conocido que, durante su vida, Kubrick mostró un particular interés apasionado por algunas figuras aristócratas de épocas pasadas. No tanto como una fijación "ideológica" o radicalizada, sino más bien como una pasión personal, un gusto histórico que, curiosamente, yo también comparto. Tanto es así, que durante los años 70's el cineasta había escrito un guión para una película que trataría sobre la vida de Napoleón Bonaparte. Desgraciadamente, por varios motivos, aquella idea se descartó, pero Kubrick seguía con la necesidad pulsante de dirigir un documental o al menos una película que se base en épocas por las que camino Napoleón.Al final, y tomando mucho de aquel guion, Kubrick se decantó por adaptar una novela mayormente sátira llamada "La suerte de Barry Lyndon" del escritor británico William M. Thackeray (1811-1863). De forma muy resumida, la novela cuenta la historia del auge y caída de un irlandés llamado Barry Redmond que, durante un duelo "ganado" contra un general británico, se ve obligado a exiliarse y recorre varios lugares de Europa, escalando desde lo más humilde hasta la riqueza más alta, llegando a casarse con una duquesa y obteniendo su apellido; Lyndon, además también de sus riquezas. Pero al final decae en desgracia a causa de su propia ambición desmedida. Un clásico del siglo XIX.
De esta forma, el cineasta tenía la ardua labor de representar un contexto victoriano en todos los sentidos que rondaba los años 1750 y principios de 1800. Además, también tenía el peso de adaptar la novela lo mejor que pudiera, aunque tomándose ciertas libertades creativas. Si bien no llegue a leer la novela, sé que hay diferencias entre película y novela (como es lógico) según leí, y a pesar de que Kubrick no veía bien hacer de las adaptaciones muy personales (como si solían hacer otros directores como talentosísimo Andréi Tarkovski) a La Suerte de Barry Lyndon termino por darle un enfoque personal mas dramático y trágico.
Poco humor hay en la película, más allá de alguna que otra sátira “liviana”. Todo se aprecia vivo y sumamente bien actuado (incluso costumbres británicas y europeas de la época), pero en el ambiente se llega a sentir la Tragedia. El elenco para cada uno de los personajes es, a mi entender, perfecto. Tenemos a Ryan O'Neal como Barry y a la bella Marisa Berenson que, además de encarnar tan bien a Lady Lyndon, con todos los arreglos para la película se la aprecia casi irreconocible. Como curiosidad, Kubrick le pidió a Berenson que evitara la luz del sol durante una temporada, a fin de conseguir que su piel se blanqueara más de lo habitual, para que el maquillaje resaltara más dicha costumbre victoriana. Un detalle interesante.A la hora de contextualizar, de unir todas las piezas estéticas, Kubrick se mostró muy insistente y perfeccionista en cuanto al contexto que estaba destinado a representar. Según se comenta, devoro libros de historia y consulto historiadores para dar al espectador la impresión de que realmente estaba viendo un film captado durante otra época. Además, también contemplo de cerca pinturas bellísimas de artistas como Johan Zoffany y Thomas Gainsborough. El resultado final fue increíble. Algunos paisajes europeos son simplemente preciosos, pasando por localidades reales como Durlin en Irlanda, también el Castillo Huntington en el Condado de Carlow, en el sureste de Irlanda, aparece en la película, siempre con una vista imponente.
La película también fue rodada enteramente en decorados de época (sobresaliendo el Castillo de Howard) y en luz natural (con velas en las escenas nocturnas o de interior), mediante objetivos de cámara muy luminosos (modificación de una cámara Mitchell y de objetivos Zeiss de focal 50 mm y de apertura F0.7) 318 y mediante el tratamiento especial del negativo, esta película presenta una fotografía excepcional, auténtica proeza técnica que le confiere una estética más bien sombría y muy particular, en el tono de la historia y las pinturas de la época.
¿Y que decir del vestuario? No para nada un experto del tema, pero no hace falta serlo para darse cuenta de que lucen impecables. La gran necesidad de perfección llevo a Kubrick a contratar diseñadoras de modas de la talla de Milena Canonero y Ulla-Britt Söderlund, y a pesar de que sobre todo Milena tiene un gran conocimiento de moda, según leí, tuvo que investigar aún más sobre las vestimentas y las modas de la época que Kubrick intentaba recrear. Como resultado, tenemos un vestuario muy realista, especialmente el femenino con especial énfasis en Lady Lyndon, que siempre vestía de manera elegante y delicada.
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| Marisa Berenson como Lady Lyndon, en una sesión de fotografiá. |
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| Los paisajes de ensueño, la iluminación en todas las escenas, los vestuarios. Una belleza. |
La banda sonora de Barry Lyndon es otra gran proeza. Incluye una importante selección de piezas musicales de compositores del siglo XVIII. Entre las barrocas están el segundo movimiento del concierto BWV 1060 de Bach, una adaptación orquestal del tercer movimiento de la sonata para violonchelo RV 40 de Vivaldi, una adaptación orquestal de la zarabanda de la Suite para clave en re menor, HWV 437 de Händel, la Hohenfriedberger Marsch de Federico II el Grande. Las adaptaciones de las obras clásicas estuvieron a cargo de varios compositores y orquestas, el trabajo fue colosal.
Entre las clásicas, la cavatina de El barbero de Sevilla de Paisiello y el segundo movimiento del trío para piano n.º 2 de Schubert. Estas piezas están cuidadosamente seleccionadas y puestas en según qué escena de la película, y solo añadir que, sin este detalle, la obra no podría haber sido tan grande y magnífica como al final resulto. Embellecen aquellos paisajes tan abiertos y esas escenas tan melodramáticas. La verdad es que tampoco me extraña que la banda sonora haya ganado un Óscar, porque su repertorio es exquisito.
Y sobre las actuaciones en específico, nuevamente, me quito el sombrero. Se habló mucho de que Ryan O'Nea se sentía un poco "inexpresivo" para el papel de Barryn y se consideraron a muchos otros actores de alta talla (incluso Robert Redford y Clint Eastwood), pero O'Nea tenía raíces irlandesas, y Kubrick sintió que era ideal para el papel. La película comienza siendo enteramente cubierta por una capa de romanticismo puro, del cual incluso hasta en etapas finales podemos apreciar. Los actores hacen tan bien su papel, que uno incluso llega a emocionarse en escenas románticas como un beso profundo. El espectador siente que esas dos personas se aman y sienten algo en profundidad, más allá de sus contradicciones cotidianas. Ese valor tan humano, aquí está muy bien representado.
Si en la tragedia de "Macbeth" de William Shakespeare, era Lady Macbeth la "malévola conciencia", fría, calculadora y codiciosa voz de Lord Macbeth, aquí es Barry Lyndon quien asume el papel de arrastrar lentamente a la condesa Lyndon a su declive, al punto de apropiarse no solo de sus tierras, títulos y riquezas, sino también -y peor aun- de su propia felicidad y vida. Aquí destaco nuevamente el papel de Marisa Berenson en darle vida a la elegante Lady Lyndon, porque es fundamental en la peli. La primera vez Barry y Lady Lyndon y se encuentran, el espectador siente ese amor verdadero. Esa mirada, tan intensa a la par de romántica y lúgubre. Es una de las escenas mas hermosas que vi en una película, porque capta a la perfección esa primera mirada seductora, esa primera mirada que lentamente va sosegando el alma, el cuerpo. La primera mirada de un profundo enamoramiento...
No creo tener que añadir más sobre esta maravilla. Lo sé, me dejo muchas cosas en el tintero, pero este no es un análisis en profundidad, solo un comentario personal a modo de tributo, de ahí que me valga de algunas fuentes para poder explicarme mejor. No hay mucho más que añadir, quería transmitir algunas ideas en torno a Barry Lyndon, porque es sin duda una de mis películas favoritas. Sirvió de mucha inspiración para obras futuras como por ejemplo "Los Duelistas", magnífica adaptación del año 1977 de la novela de Conrad por parte de otro reconocido director, como lo es Riley Scott.
Gracias por leerme.






